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Tras una guerra nuclear nadie contaría la historia (+ Video)

¿Se imagina que el mundo no lo sea más? ¿Que en lugar de gente, verdores, animales, edificios, nuestras cosas, lo que hemos sido…, tras un humo atómico quede la nada?

Ni recuerdos habrá, pues la especie humana se extinguirá si llega a producirse lo que por estos días pareciera no tomarse en cuenta: la amenaza y la frivolidad, desde la prepotencia, pueden desencadenar una guerra nuclear

¿Se imagina que el mundo no lo sea más? ¿Que en lugar de gente, verdores, animales, edificios, nuestras cosas, lo que hemos sido…, tras un humo atómico quede la nada?

Ni recuerdos habrá, pues la especie humana se extinguirá si llega a producirse lo que por estos días pareciera no tomarse en cuenta: la amenaza y la frivolidad, desde la prepotencia, pueden desencadenar una guerra nuclear.

El asunto es alarmante, pero está ahí, en el mismo mundo en el que vivimos todos, en el único que tenemos; en el mismo en que se bombardearon, por orden de Estados Unidos, hace 77 años, las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, una vergonzosa historia de muerte y terror en la que perdió la vida casi un cuarto de millón de personas.

Por estos días se cumplen 12 años de una de las más sugestivas reflexiones de Fidel, El invierno nuclear. Elaborada a partir de una consulta con especialistas, consideraba el Comandante en Jefe: «Suponía que el planeta podía soportar el estallido de cientos de bombas nucleares al calcular que, tanto en Estados Unidos como en la urss, se habían realizado incontables pruebas a lo largo de años. No había tomado en cuenta una realidad bien sencilla: no es lo mismo hacer estallar 500 bombas nucleares en 1 000 días, que hacerlas estallar en un día».

«El único modo de eliminar las posibilidades de una catástrofe climática es eliminar las armas nucleares», escribía Fidel, defensor de causas rectas, y buen conocedor del enemigo crucial del equilibro planetario. 

Hoy, cuando se enquista una hostilidad cada vez más creciente, por parte de las potencias capitalistas occidentales –lideradas por Estados Unidos–, se impone el raciocinio. 

La conferencia del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares dejó oír hace unos días las palabras del secretario general de la ONU, António Guterres, cuando se refería a las nuevas cotas que estaban alcanzando las tensiones geopolíticas, y advertía del peligro de un conflicto nuclear. Por su parte, el presidente ruso Vladímir Putin, insistía en que su país ha cumplido con el espíritu del tratado y sostenía que en una guerra nuclear «no podrá haber ganadores», razón por la cual, dijo, no debe nunca desencadenarse. 

Ante el panorama que, con solo imaginarlo, es abominable, se impone el triunfo de la vida. «Las armas son de hierro», decía Martí en un texto en el que apelaba también al cultivo de la voluntad humana. Que a Cuba no le falte jamás esa fuerza para defender la paz que nos legó su Comandante en Jefe. 

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